¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!
Salgamos por un momento del tema mundial de la pandemia, descansemos un poco nuestros sentidos y compartamos esta pequeña lectura.
En estos tiempos de cuaresma, es un tiempo ideal para hablar de conversión. Definimos de manera simple esta palabra.
Convertir, según la RAE: Hacer que alguien o algo se transforme en algo distinto de lo que era. Esto es bien sencillo. Sabemos que cada uno de nosotros tenemos un estilo de vida particular. El estilo de vida que nos ha sumado tantas experiencias que nos han llevado a ser lo que hoy en día somos.
Por lo que la conversión nos lleva a tener varios aspectos a considerar:
Contacto con la Palabra de Dios. Este contacto nos hace que podamos entender que lo que hago viene de una fuerza que pocas veces podemos controlar (concupiscencia) Y entender que solos no podemos. 'Al contrario, uno es tentado por sus propios malos deseos, que lo atraen y lo seducen. De estos malos deseos nace el pecado; y del pecado, cuando llega a su completo desarrollo, nace la muerte. ' Santiago 1,14-15
Tener la conciencia. Que solamente la fuerza del Espíritu Santo, nos puede dar. Esa revelación que viene de lo alto que nos permite, ver y aceptar lo que debemos cambiar. 'Cuando él venga, mostrará claramente a la gente del mundo quién es pecador, quién es inocente, y quién recibe el juicio de Dios. ' San Juan 16,8
Depender totalmente de Dios. Este acto y paso es fundamental, para los que luchamos con los pecados recurrentes (los que somos conscientes que son pecado, nos duele, pero seguimos haciéndolo) En esto nos debe de considerar en que podemos salir victoriosos en esta lucha, si dependemos de Dios. Este aspecto es muy importante, porque si sabemos que algo nos daña (no solo físicamente, sino más importante, daña nuestra relación con Dios) debemos de poner toda nuestra parte, que es la humana, lo que nos es posible, y depender al 100% de la Gracia de Dios.
Las ofrendas a Dios son un espíritu dolido; ¡tú no desprecias, oh Dios, un corazón hecho pedazos! ' Salmos 51,19
Después de estos aspectos, que no son los únicos, vayamos al evangelio y vamos a las calles de Jericó.
'Cuando ya se encontraba Jesús cerca de Jericó, un ciego que estaba sentado junto al camino pidiendo limosna, al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le dijeron que Jesús de Nazaret pasaba por allí, y él gritó: —¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más todavía: —¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó: —¿Qué quieres que haga por ti? El ciego contestó: —Señor, quiero recobrar la vista. Jesús le dijo: —¡Recóbrala! Por tu fe has sido sanado. En aquel mismo momento el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús alabando a Dios. Y toda la gente que vio esto, también alababa a Dios.' San Lucas 18,35-43
¿En qué lugar te encuentras en este momento de tu vida?
- El ciego sentado junto al camino pidiendo limosna
- Los que dicen que es Jesús el que pasa
- El ciego que grita
- Los que iban delante de Jesús y reprendían al ciego gritón
- Los que llevaron al ciego ante Jesús
- El ciego frente a Jesús, pidiéndole que le sane
- El ciego ya sanado que sigue a Jesús, alabando a Dios
Aunque son varios momentos que te presento, es importante que te identifiques, pues sabrás que es lo que necesitas. Ojalá que no seas el del numero 4, pero reflexiona y te pido que abras tu corazón porque tal vez si hemos sido en algún momento esos del punto 4.
En cada punto hay situaciones particulares que siempre está Jesús allí, de lejos o muy cerca, como en el punto 6 y 7. Esto es lo que quiero animarte hoy, que te identifiques y que te trates tal cual eres. Así es como te quiere Jesús, tal cual como eres, pues El te conoce así.
Después que hayas meditado en que punto te encuentras de este pasaje del evangelio que te he compartido, te invito a que no solamente veas la imagen de Bartimeo como un ciego más que Jesús sanó y que lo siguió, las Sagradas Escrituras no hablan más de El, pero si algo puedo estar seguro, que esa pregunta que Jesús le hizo, al pasar toda su vida, le palpitó el corazón al recordarla y seguir su camino con El: ¿Qué quieres que haga por ti?.
Hoy Jesús, te hace a ti esa pregunta, respóndele, como lo hizo Bartimeo, aunque parecía obvio, pero Jesús quiere escucharte de ti, lo que quieres que el haga por ti.
Para ésto es la cuaresma, para reflexionar, para poder estar en contacto con Dios y no solamente dejarlo a El como un bombero que solo lo llamas cuando lo necesitas, sino que vivas con El para siempre.
Dios es nuestra fuerza.
Edson Gutiérrez

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